El mariachi mexicano, el fado portugués, la peregrinación al santuario del Señor de Qoyllurit'i de Perú y los chamanes jaguares de Yuruparí, Colombia, son algunos de los elementos inscritos hoy como Patrimonio Inmaterial de la Unesco según la reunión que mantienen hasta el día 29 de noviembre en la isla indonesia de Bali.
Entre los nuevos elementos añadidos a la lista este año figuran el ritual del pueblo brasileño enawene nawe para el mantenimiento del orden cósmico y social, la equitación tradicional francesa, el teatro de sombras chino y el duelo poético Tsiattista de Chipre. En ediciones previas, fueron incluidas el flamenco y el tango.
Según la Unesco, los mariachis transmiten valores "que fomentan el respeto del patrimonio natural de las regiones mexicanas y de la historia local, tanto en español como en las diversas lenguas indígenas del oeste del país".
Los mariachis, con su música y sus canciones, han llegado a todos los rincones y forman parte indisoluble de la cultura mexicana y de la identidad de los mexicanos. Hombres y mujeres han cantado sus letras y las han transmitido con el calor y fuerza en plazas, teatros, fiestas, convirtiéndose en himnos que todos, alguna vez hemos acompañado.
Una de nuestras cantantes con más arte y voz para los mariachis fue Rocio Dúrcal y en México se la consideraba y admiraba como una de las mejores intérpretes de este nuevo Patrimonio Inmaterial.
El fado es la expresión de sentimientos que nos llega a través de Portugal y solo cabe recordar a Amalia Rodrigues, la" Reina del Fado", ilustre artista que forma parte de la historia y de la cultura portuguesa, que durante medio siglo llevó su música y sus canciones a muchos países con una voz que impresionaba a todos los que la escuchaban. El fado merecía esta distinción que le sitúa en el recuerdo perenne de un nuevo Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

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